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Cuando empezó todo

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“[…] Confío en que el libro pueda demostrar que la ciencia rara vez progresa de la forma lógica y directa que imaginan las personas ajenas a ella. Por el contrario, sus pasos hacia delante (y, a veces, hacia atrás) suelen ser sucesos muy humanos en los que las personalidades y las tradiciones culturales desempeñan papeles fundamentales […]”

La doble hélice (James D. Watson)

Con estas palabras comienza James Dewey Watson su libro “La doble hélice” en el que relata su punto de vista sobre el descubrimiento que le llevaría a recibir junto con Francis Crick y Maurice Wilkins el premio Nobel de Fisiología en 1962: El descubrimiento la estructura básica del ADN. Os preguntaréis que tiene que ver este libro conmigo. La respuesta es sencilla, fue mi primer libro de divulgación científica. Era mi primer año de carrera y yo había sido captada para formar parte de un grupo “especial” denominado “Proyecto de Innovación Educativa” (P.I.E para los colegas). Este grupo pretendía aplicar la metodología “Bolonia” de formación continua, es decir, nos hicieron hacer trabajos, reseñas, tutorías en grupo, etc. Dentro de esas actividades (que por supuesto formaban parte de la nota final y por tanto eran “obligatorias”) estaba la de leer un libro, de entre unos cuantos que se proponían, hacer un resumen y una entrevista sobre él con el tutor asignado. De todos los libros dos llamaron mi atención, uno fue éste y el otro fue “El gen escarlata” de Pere Puigdomenech. Mi elección ya denotaba de que pie iba a cojear a la hora de decidir entre los denominados biólogos de bata y biólogos de campo, pero aún así la elección entre uno de estos dos libros me fue sencilla: primero porque al señor Watson ya lo conocía (no personalmente, claro); y segundo porque el tutor al que le correspondía este libro era mi profesora de Bioquímica que admiraba tanto por su magistral forma de dar clase como por el impacto que causo en mi inocente yo de primero de carrera, conocer a un científico que poseía su despacho en el mismo laboratorio donde investigaba y que me además ejercía la docencia. La lectura de este libro fue absorbente, devoré el libro en unos pocos días. En el Watson logra contar de una forma amena, algo que puede ser tan farragoso por el día a día en la investigación. Además lo hace de forma sencilla puesto que yo no era una entendida en el tema, estaba en primero, pero llegué a entender la mayoría de cosas que explicaba (difracciones de rayos X y demás se escapaban de mis conocimientos).

En perspectiva, después del paso de los años y de haber leído algunos libros de divulgación más, he de decir que es mi libro por excelencia recomendando su lectura a todos aquellos científicos o “proyectos de”, así como aquellos que no tengan vínculo con la ciencia pero quieran pasar un buen rato leyendo.

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